Brand New Cars in Stock

Norteamérica: Tomando el volante

Cuando los estadounidenses piensan en los lazos económicos de México con Estados Unidos, lo primero que les viene a la mente es la exportación de jitomate, aguacate y el fútbol soccer.

Pero estos productos son sólo algunos de los más obvios. En realidad, las grandes cantidades de dólares se generan con el ir y venir de autopartes y autos nuevos.

Durante las últimas semanas los gigantes automotrices, ToyotaFord, y Volkswagen , anunciaron la creación de nuevas fábricas o expansión de las que ya tienen en México por un total de alrededor de $4,500 millones de dólares. Esta cantidad se suma a los miles de millones de inversión extranjera que ya se han distribuido en once estados de México, los cuales han albergado a una creciente industria automotriz hacia el sur de la frontera de Estados Unidos. Tan solo el año pasado, el comercio automotriz y de autopartes entre Estados Unidos y México generó un total de $131 mil millones—casi lo mismo que las economías enteras de Guatemala, Costa Rica, y Bolivia, en conjunto.

Por esta razón, no es sorpresa que cuando los investigadores hablan de una plataforma de producción norteamericana, los autos son el mejor ejemplo. Para armar un solo auto, se estima que el mecanismo, asientos y otras partes cruzan ocho veces la frontera entre México y Estados Unidos antes de terminar en el piso de los concesionarios de autos. ¿Cómo es esto posible? Las gráficas que hacen un esquema de cada autoparte y su proveedor—tal como en este ejemplo de un Ford Fusion—dejan claro lo difusa que se ha convertido la producción actual.

Dicho de una manera simple, las operaciones automotrices de México y Estados Unidos están mucho más entrelazadas de lo que muchos estadounidenses se imaginan. Economistas sugieren que un 40 por ciento del valor de las importaciones de México en Estados Unidos se produce dentro de Estados Unidos. En otras palabras, en 2014 cuando Estados Unidos importó $294 mil millones en productos provenientes de México, unos $117 mil millones de ellos fueron creados en Estados Unidos. En comparación, esta cantidad se acerca más al 4 por ciento en China o el 2 por ciento de la Unión Europea.

Esta producción binacional les da a las compañías automotrices norteamericanas una ventaja competitiva con respecto a sus competidores mundiales. Por supuesto que esto no es consuelo para los trabajadores automotrices en Estados Unidos cuyos empleos de línea de ensamble se fueron y es poco probable que regresen. Pero la rentabilidad cosechada del trabajo en ambos países con frecuencia permite a los gigantes automotrices de Estados Unidos expandir sus operaciones ahí mismo, manteniendo así algunos empleos e incluso generando nuevos. De hecho, en 2014 las compañías automotrices anunciaron una sustancial inversión de $10 mil millones en las armadoras americanas.

En años recientes, México ha atraído cada vez más la atención de las compañías automotrices. La razón más mencionada son los salarios competitivos del país, que en promedio son al menos cuatro veces más económicos que los de las fábricas americanas. También son importantes los bajos costos de transporte hacia el enorme mercado estadounidense, la abundancia de proveedores expertos de autos y camiones, y las bajas tarifas de exportación hacia más de 40 países dada la extensa red comercial de México.

Los costos de energía también se alistan para ser más competitivos. El gas natural de los yacimientos de Texas ahora fluyen hacia el Bajío—el corazón de las armadoras automotrices de México—creando un suministro de energía constante y barato. Esto crecerá aún más cuando el ducto de Ramones, que conecta Aguas Dulces, Texas con Apaseo el Alto, Guanajuato, alcance su funcionamiento completo el próximo año. Adicionalmente, cuando se afiance la reforma energética de 2013 de México, una mayor inversión a la red eléctrica del país seguramente bajará los precios de la electricidad aún más.

Aun así, este floreciente sector se enfrenta a obstáculos para su expansión. Principalmente, México necesitará asegurar que existe un número suficiente de diseñadores e ingenieros capacitados para imaginar y construir los autos del futuro.  De igual forma, compañías mexicanas pequeñas y medianas también tendrán que ser capaces de unirse a la producción regional para crear una base nacional robusta.

Los retos del estado de derecho—de lo que hablé en este artículo del Dallas Morning News y esta entrevista con Forbes —siguen preocupando a la sociedad. La ley de anticorrupción, recientemente aprobada en el país y que concede una mayor independencia a los cuerpos regulatorios, definitivamente es una noticia bienvenida. Pero si realmente México quiere crear un ambiente de negocios más seguro, transparente y justo, entonces estas leyes son sólo un inicio.

Viendo hacia el futuro, la industria de autos y camiones de México no da señales de meter el freno. Para los mexicanos, estas empresas seguramente traerán más empleos y mejor nivel de vida. Y para Norteamérica, su expansión dará un mayor albergue a una industria regional dinámica. Sin embargo, para aprovechar mejor esta integración,  México necesitará continuar reformando sus servicios básicos e infraestructuras institucionales. Sólo el tiempo dirá si el país está a la altura del reto.

Espero que sigamos en contacto a través de LinkedIn, Facebook y Twitter. Y, si puedo ser de algún apoyo para ustedes o sus equipos desde mi oficina en White & Case Ciudad de México o Vianovo Ventures, por favor no dejen de llamarme.

Sinceramente,

Antonio Garza

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